Nuestra historia

Los antecedentes de Entre Niños se remontan a los años 80, a experiencias comunitarias de trabajo con niños y niñas de poblaciones marginales de Santiago, focalizadas en sus dificultades escolares. Desde entonces, el compromiso con el desarrollo socio emocional de los niños y niñas no sólo ha permitido enriquecer nuestra propuesta y fortalecer nuestra convicción, sino también mirar la historia reciente de nuestro país a través de sus sentimientos y emociones.

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En esos años, tiempos de protestas contra la dictadura militar, los temores y la ansiedad eran manifestaciones emocionales recurrentes en los contextos de pobreza. Eso hacía difícil que niños y niñas pudieran concentrarse, compartir con otros, participar y disfrutar con las actividades que se les proponía. Así, éstas debieron cambiar de foco y pasar del “apoyo escolar” al “apoyo afectivo”. La sistematización de esas experiencias dio origen a lo que se llamó “Programa de Afectividad para niños de sectores populares” (CREAS, 1983), primera versión de Entreniños.

Compartir vivencias significativas, conocerse, verbalizar el sentir y el pensar, escuchar y respetar están presentes en los dibujos, diaporamas y videos del trabajo en esta década.

La recuperación de la democracia en los 90 marca una nueva etapa: Entre Niños entra formalmente a las escuelas, resultado del proyecto de investigación-acción “Aplicación de un programa para el desarrollo afectivo social en 3 escuelas en la perspectiva de su masificación” desarrollado desde el CIDE en el marco del Programa de las 900 Escuelas (P900).

En el trabajo en el aula se observa que hay motivos de penas, alegrías, rabias que perduran como también, que aparecen otros nuevos. Es la década en que los materiales Entre Niños y Memorias declarados “Material Didáctico Complementario de la Educación Chilena” por el Ministerio de Educación- pasan a ser un recurso utilizado en muchas salas de clases.

El siglo XXI trae cambios importantes frente a los cuales niños, niñas -e incluso los adultos- nos enfrentamos sin muchas herramientas sociales y emocionales. La irrupción de las tecnologías en la vida cotidiana, la diversidad social y cultural en las salas de clase, los cambios en las fisonomías de nuestros barrios, demandan nuevas maneras de aprender a ser, aprender a convivir, aprender a aprender. Los adultos tenemos la responsabilidad de estar atentos, escuchar y ofrecer a nuestros niños y niñas experiencias positivas al respecto. Nuestro trabajo con escuelas en este período buscan respuestas a estos nuevos desafíos.

La inquietud y compromiso para que el desarrollo socioemocional constituya un tema para todos los que trabajan con niños y niñas, sea cual sea el contexto -no solo escuelas, también grupos comunitarios, residencias y hogares, programas de verano, etc.- nos mueve a compartir los materiales, recursos y aprendizajes que se ofrecen en este portal.